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miércoles, 11 de febrero de 2026

FULTON J. SHEEN, "EL MICRÓFONO DE DIOS"; SERÁ BEATIFICADO

 Con el mundo misionero como telón de fondo, Fulton J. Sheen fue el primero en usar los grandes medios de masas para hacer llegar el Evangelio a millones de personas. A esta proyección mediática unía la cercanía del testimonio personal con aquellos que se encontraba, desde un albañil a una actriz de Hollywood. Se le apodó “el micrófono de Dios”.

Mons. Louis Tylka, obispo de Peoria, la diócesis donde nació Sheen y que impulsa su beatificación, anunciaba ayer que “la Santa Sede me ha informado que la Causa del Venerable Siervo de Dios, Arzobispo Fulton J. Sheen, puede proceder a la Beatificación”. Añadió que la diócesis trabajaba con el Dicasterio vaticano para las Causas de los Santos para determinar los detalles de la misma y poder anunciar, así, la fecha. El anuncio se produce seis años después de que la Santa Sede pospusiera la beatificación, inicialmente prevista para diciembre de 2019, tan solo unas semanas antes de la fecha prevista.

La causa de canonización de Fulton Sheen, abierta en 2002, ha tenido que superar dos grandes obstáculos. El primero fue la batalla pública para trasladar sus restos desde la Catedral de San Patricio en Nueva York a su ubicación actual, la capilla lateral de la Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción en Peoria. El segundo, el más grave, el hecho de que, como obispo de la diócesis de Rochester, Nueva York, de 1966 a 1969, el prelado pudiera haber pasado por alto los abusos sexuales cometidos por al menos un ex sacerdote de la diócesis. Superados estos obstáculos, en el año 2019, el Papa Francisco aprobaba un milagro atribuido a la intercesión de Sheen y se anunciaba su beatificación para el 18 de noviembre de aquel año. Sin embargo, unas semanas después se posponía dicha beatificación por la petición de algunos obispos de Estados Unidos. Ya en diciembre de 2024 se constataba que no había acusación ni sospecha alguna sobre quien, ya en vida, había sido investigado y seguido día y noche durante una larga época por el FBI, debido a su conocido anticomunismo, en un momento en que Estados Unidos mantenía una estrecha relación con la Unión Soviética.

Las Obras Misionales Pontificias de España le dedicaron un programa en “Pequeñas historias misioneras” que puede escucharse aquí en Radio María o en Spotify y Apple Podcast.

Retrato del Arzobispo Fulton J. Sheen (1895–1979), Nueva York, 1964. |
Crédito: Bachrach/Getty Images



martes, 10 de febrero de 2026

EN FEBRERO, REZA CON EL PAPA POR LOS NIÑOS CON ENFERMEDADES INCURABLES

“Oremos para que los niños que padecen enfermedades incurables y sus familias reciban la atención médica y el apoyo necesarios, sin perder nunca la fuerza y la esperanza”, es la intención de oración que propone el Papa León XIV para este mes de febrero, con la conciencia de que la oración es la primera obra misional. El Santo Padre invita a toda la Iglesia y a las personas de buena voluntad a unirse en oración por los niños que viven situaciones de sufrimiento y fragilidad extrema, así como por sus familias y por quienes los cuidan.

En el vídeo de la Red Mundial de Oración del Papa,grabado tanto en español como en inglés, el Santo Padre se arrodilla y con los dibujos que le han hecho llegar niños enfermos en las manos, reza:

Señor Jesús, que acogías a los pequeños en tus brazos y los bendecías con ternura, hoy te presentamos a los niños que viven con enfermedades incurables.

Sus cuerpos frágiles son signo de tu presencia, y sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio de tu Reino. Te pedimos, Señor, que nunca les falte atención médica adecuada, el cuidado humano y cercano, y el apoyo de una comunidad que acompaña con amor.

Sostén a sus familias en la esperanza, en medio del cansancio y la incertidumbre, y haz de ellas testigos de una fe que se fortalece en la prueba.

Bendice las manos de médicos, enfermeros y cuidadores, para que su trabajo sea siempre expresión de compasión activa. Que tu Espíritu los ilumine en cada decisión difícil, y les conceda paciencia y ternura para servir con dignidad.

Señor, enséñanos a reconocer tu rostro en cada niño que sufre. Que su vulnerabilidad despierte nuestra compasión, y nos impulse a cuidar, acompañar y amar con gestos concretos de solidaridad.

Haz de nosotros una Iglesia que, animada por los sentimientos de tu corazón, y movida por la oración y el servicio, sepa sostener la fragilidad, y que en medio del dolor sea fuente de consuelo, semilla de esperanza y anuncio de vida nueva. Amén”.





martes, 27 de enero de 2026

Mensaje del Papa para el centenario del DOMUND

 El Papa León XIV ha hecho público el Mensaje para el Domund, la Jornada Mundial de las Misiones, que este año 2026 cumple 100 años. El tema de este Domund, el del centenario, es “Uno en Cristo, unidos en la misión”, que hace referencia al propio lema del Papa “En el Uno (Cristo), somos uno”.

“Para la Jornada Mundial de las Misiones de 2026, que marca el centenario de esta celebración, instituida por Pío XI y tan querida por la Iglesia, he elegido el tema ‘Uno en Cristo, unidos en la misión’. Después del Año jubilar, deseo exhortar a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza.

Reflexionando sobre nuestro ser uno en Cristo y estar unidos en la misión, dejémonos guiar e inspirar por la gracia divina, para «renovar en nosotros el fuego de la vocación misionera» y avanzar juntos en el compromiso de la evangelización, en «una época misionera nueva» en la historia de la Iglesia (Homilía en la Misa por el Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes, 5 octubre 2025).

1. Uno en Cristo. Discípulos misioneros unidos en Él y con los hermanos y hermanas.

En el centro de la misión está el misterio de la unión con Cristo. Antes de su Pasión, Jesús oró al Padre: «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). En estas palabras se revela el deseo más profundo del Señor Jesús y, al mismo tiempo, la identidad de la Iglesia, comunidad de sus discípulos: ser una comunión que nace de la Trinidad y que vive de y en la Trinidad, al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con todas las criaturas.

Ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión con Cristo, en la que participamos de la relación filial que Él vive con el Padre en el Espíritu Santo. Significa permanecer en Cristo como los sarmientos en la vid (cf. Jn 15,4), inmersos en la vida trinitaria. De esta unión brota la comunión recíproca entre los creyentes y nace toda fecundidad misionera. Sí, «la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión», como enseñó san Juan Pablo II (cf. Exhort. ap. Christifideles laici, 32).

Por eso, la primera responsabilidad misionera de la Iglesia es renovar y mantener viva la unidad espiritual y fraterna entre sus miembros. En muchas situaciones asistimos a conflictos, polarizaciones, incomprensiones, desconfianza mutua. Cuando esto ocurre también en nuestras comunidades, se debilita su testimonio. La misión evangelizadora, que Cristo confió a sus discípulos, requiere ante todo corazones reconciliados y deseosos de comunión. En esta perspectiva, será importante intensificar el compromiso ecuménico con todas las Iglesias cristianas, aprovechando también las oportunidades que brinda la celebración conjunta del 1700° aniversario del Concilio de Nicea.

Por último —pero no menos importante—, ser “uno en Cristo” nos llama a mantener siempre la mirada fija en el Señor, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida personal y comunitaria, de cada palabra, acción y relación interpersonal, de modo que podamos decir con asombro: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20). Esto será posible en la escucha constante de su Palabra y en la gracia de los sacramentos, para ser piedras vivas de la Iglesia, llamada hoy a recoger las instancias fundamentales del Concilio Vaticano II y del posterior Magisterio pontificio, en particular, del Papa Francisco. De hecho, como afirma san Pablo, «no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor» (2 Co 4,5). Reitero, por tanto, las palabras de san Pablo VI: «No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 22). Este proceso de auténtica evangelización comienza en el corazón de cada cristiano para extenderse a toda la humanidad.

Por lo tanto, cuanto más unidos estemos en Cristo, tanto más podremos cumplir juntos la misión que Él nos confía.

(...) Y para favorecer la comunión espiritual, les dejo, junto con mi bendición, esta sencilla oración:

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva. Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura.

Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.

María, Reina de las misiones, acompaña nuestra labor evangelizadora en todos los rincones de la tierra; haznos instrumentos de paz y haz que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva. Amén.

Vaticano, 25 de enero de 2026, III domingo del Tiempo Ordinario, fiesta de la Conversión del apóstol san Pablo”.

(ver texto completo)