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martes, 10 de febrero de 2026

EN FEBRERO, REZA CON EL PAPA POR LOS NIÑOS CON ENFERMEDADES INCURABLES

“Oremos para que los niños que padecen enfermedades incurables y sus familias reciban la atención médica y el apoyo necesarios, sin perder nunca la fuerza y la esperanza”, es la intención de oración que propone el Papa León XIV para este mes de febrero, con la conciencia de que la oración es la primera obra misional. El Santo Padre invita a toda la Iglesia y a las personas de buena voluntad a unirse en oración por los niños que viven situaciones de sufrimiento y fragilidad extrema, así como por sus familias y por quienes los cuidan.

En el vídeo de la Red Mundial de Oración del Papa,grabado tanto en español como en inglés, el Santo Padre se arrodilla y con los dibujos que le han hecho llegar niños enfermos en las manos, reza:

Señor Jesús, que acogías a los pequeños en tus brazos y los bendecías con ternura, hoy te presentamos a los niños que viven con enfermedades incurables.

Sus cuerpos frágiles son signo de tu presencia, y sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio de tu Reino. Te pedimos, Señor, que nunca les falte atención médica adecuada, el cuidado humano y cercano, y el apoyo de una comunidad que acompaña con amor.

Sostén a sus familias en la esperanza, en medio del cansancio y la incertidumbre, y haz de ellas testigos de una fe que se fortalece en la prueba.

Bendice las manos de médicos, enfermeros y cuidadores, para que su trabajo sea siempre expresión de compasión activa. Que tu Espíritu los ilumine en cada decisión difícil, y les conceda paciencia y ternura para servir con dignidad.

Señor, enséñanos a reconocer tu rostro en cada niño que sufre. Que su vulnerabilidad despierte nuestra compasión, y nos impulse a cuidar, acompañar y amar con gestos concretos de solidaridad.

Haz de nosotros una Iglesia que, animada por los sentimientos de tu corazón, y movida por la oración y el servicio, sepa sostener la fragilidad, y que en medio del dolor sea fuente de consuelo, semilla de esperanza y anuncio de vida nueva. Amén”.





martes, 27 de enero de 2026

Mensaje del Papa para el centenario del DOMUND

 El Papa León XIV ha hecho público el Mensaje para el Domund, la Jornada Mundial de las Misiones, que este año 2026 cumple 100 años. El tema de este Domund, el del centenario, es “Uno en Cristo, unidos en la misión”, que hace referencia al propio lema del Papa “En el Uno (Cristo), somos uno”.

“Para la Jornada Mundial de las Misiones de 2026, que marca el centenario de esta celebración, instituida por Pío XI y tan querida por la Iglesia, he elegido el tema ‘Uno en Cristo, unidos en la misión’. Después del Año jubilar, deseo exhortar a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza.

Reflexionando sobre nuestro ser uno en Cristo y estar unidos en la misión, dejémonos guiar e inspirar por la gracia divina, para «renovar en nosotros el fuego de la vocación misionera» y avanzar juntos en el compromiso de la evangelización, en «una época misionera nueva» en la historia de la Iglesia (Homilía en la Misa por el Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes, 5 octubre 2025).

1. Uno en Cristo. Discípulos misioneros unidos en Él y con los hermanos y hermanas.

En el centro de la misión está el misterio de la unión con Cristo. Antes de su Pasión, Jesús oró al Padre: «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). En estas palabras se revela el deseo más profundo del Señor Jesús y, al mismo tiempo, la identidad de la Iglesia, comunidad de sus discípulos: ser una comunión que nace de la Trinidad y que vive de y en la Trinidad, al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con todas las criaturas.

Ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión con Cristo, en la que participamos de la relación filial que Él vive con el Padre en el Espíritu Santo. Significa permanecer en Cristo como los sarmientos en la vid (cf. Jn 15,4), inmersos en la vida trinitaria. De esta unión brota la comunión recíproca entre los creyentes y nace toda fecundidad misionera. Sí, «la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión», como enseñó san Juan Pablo II (cf. Exhort. ap. Christifideles laici, 32).

Por eso, la primera responsabilidad misionera de la Iglesia es renovar y mantener viva la unidad espiritual y fraterna entre sus miembros. En muchas situaciones asistimos a conflictos, polarizaciones, incomprensiones, desconfianza mutua. Cuando esto ocurre también en nuestras comunidades, se debilita su testimonio. La misión evangelizadora, que Cristo confió a sus discípulos, requiere ante todo corazones reconciliados y deseosos de comunión. En esta perspectiva, será importante intensificar el compromiso ecuménico con todas las Iglesias cristianas, aprovechando también las oportunidades que brinda la celebración conjunta del 1700° aniversario del Concilio de Nicea.

Por último —pero no menos importante—, ser “uno en Cristo” nos llama a mantener siempre la mirada fija en el Señor, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida personal y comunitaria, de cada palabra, acción y relación interpersonal, de modo que podamos decir con asombro: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20). Esto será posible en la escucha constante de su Palabra y en la gracia de los sacramentos, para ser piedras vivas de la Iglesia, llamada hoy a recoger las instancias fundamentales del Concilio Vaticano II y del posterior Magisterio pontificio, en particular, del Papa Francisco. De hecho, como afirma san Pablo, «no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor» (2 Co 4,5). Reitero, por tanto, las palabras de san Pablo VI: «No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 22). Este proceso de auténtica evangelización comienza en el corazón de cada cristiano para extenderse a toda la humanidad.

Por lo tanto, cuanto más unidos estemos en Cristo, tanto más podremos cumplir juntos la misión que Él nos confía.

(...) Y para favorecer la comunión espiritual, les dejo, junto con mi bendición, esta sencilla oración:

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva. Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura.

Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.

María, Reina de las misiones, acompaña nuestra labor evangelizadora en todos los rincones de la tierra; haznos instrumentos de paz y haz que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva. Amén.

Vaticano, 25 de enero de 2026, III domingo del Tiempo Ordinario, fiesta de la Conversión del apóstol san Pablo”.

(ver texto completo)

martes, 8 de julio de 2025

León XIV: “Se necesitan obreros deseosos de trabajar en el campo de la misión”

 OMPRESS-ROMA (7-07-25) Es lo que necesita este mundo, decía el Papa ayer en el Ángelus, “discípulos enamorados que den testimonio del Reino de Dios dondequiera que se encuentren”. El Evangelio del envío de los 72 discípulos de este domingo, decía, “nos recuerda la importancia de la misión, a la que todos estamos llamados”.

“Dios, como un sembrador, ha salido generosamente al mundo a sembrar y ha puesto en el corazón del hombre y de la historia el deseo de infinito, de una vida plena, de una salvación que lo libere”. De ahí que la mies es mucha, dado que los hombres y mujeres de hoy “esperan una verdad más grande, buscan un sentido más pleno para su vida, desean justicia y llevan en su interior un anhelo de vida eterna”. Pero, por otro lado, son pocos los obreros, “son pocos los que se dan cuenta, los que se detienen para acoger el don, los que lo anuncian y lo llevan a los demás”.

El Papa León XIV señalaba que “la Iglesia y el mundo no necesitan personas que cumplen con sus deberes religiosos mostrando su fe como una etiqueta exterior; necesitan, en cambio, obreros deseosos de trabajar en el campo de la misión, discípulos enamorados que den testimonio del Reino de Dios dondequiera que se encuentren”.

Puede que no falten los “cristianos de ocasión”, que “de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento religioso o participan en algún evento; pero son pocos los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana, a la familia, a los lugares de trabajo y de estudio, a los diversos entornos sociales y a quienes se encuentran en necesidad”.

Para esto “no se necesitan demasiadas ideas teóricas sobre conceptos pastorales; se necesita, sobre todo, rezar al dueño de la mies. En primer lugar, pues, está la relación con el Señor, cultivar el diálogo con Él. Entonces Él nos convertirá en sus obreros y nos enviará al campo del mundo como testigos de su Reino”.

Fuente: https://omp.es/ompress/leon-xiv-se-necesitan-obreros-deseosos-de-trabajar-en-el-campo-de-la-mision/