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martes, 19 de mayo de 2026

Jornadas y asambleas nacionales 2026

 

JORNADAS NACIONALES DE DELEGADOS DIOCESANOS DE MISIONES Y ASAMBLEA NACIONAL DE LAS OMP


La Comisión Episcopal para las Misiones y Cooperación con las Iglesias juntamente con las Obras Misionales Pontificias organizaron los pasados días 12, 13 y 14 de mayo; las jornadas y asambleas nacionales anuales con el lema “La Misión es mi tema”, lema que ha sido el eje de trabajo de este curso, buscando volver a la centralidad de la misión en la vida de todo fiel cristiano, llamado desde el Bautismo a ser misionero y enviado. Precisamente este fue el tema de la Conferencia inaugural, a cargo de Mons. Giovanni Pietro dal Toso, nuncio de su Santidad en Jordania y Chipre, conocedor de las Obras Misionales Pontificias, de las que fue presidente internacional. Su título: “El bautismo de Jesús en Jordán y su misión. El bautismo y la vocación misionera”

Tras la conferencia se proyectó el video-documental  sobre el testimonio de: “Sagarmínaga, el hombre del Domund” con la intervención de la Delegada de Vitoria, Estíbaliz Vea- Murguía, se concluyó este primer día con la Eucaristía y la cena.

El miércoles 13 de mayo por  la mañana tuvo lugar  la conferencia “La Animación Misionera”, a cargo del Sacerdote Eduardo Txípolo, misionero espiritano y presidente del SCAM, el Servicio Conjunto de Animación Misionera. Seguida de una mesa redonda donde se abordaron los “Ámbitos de la animación misionera”, con tres participantes: la Misionera Cruzada de la Iglesia, Cilenia Rojas; la Delegada de Misiones de Burgos, Maite Domínguez; y el Párroco madrileño, Carlos González Paniagua. La jornada de la mañana se remató con la Celebración de la Eucaristía y el Almuerzo.

Por la tarde de este día se trabajó en grupos  centrado en las iniciativas para la animación misionera. También se visitó  la nueva sede de las Obras Misionales Pontificias en Moscatelar, 10. El día se concluyó con la cena y la Adoración al Santísimo.

El jueves 14 de mayo, se presentó el Domund, el encargado de hacerlo fue el Sacerdote Joan Soler i Ribas, Vicario general de Girona, misionero en Togo y doctor en Misionología. Antes de la clausura se presentaron diversas comunicaciones de las Obras Misionales Pontificias, entre ellas la Memoria del 2025 , “Arde” y diversas propuestas de Supergesto e Infancia Misionera.

Don José María, director nacional de OMP
con los delegados de misiones de las diócesis de Galicia.

Las Obras Misionales Pontificias, explicaba el Papa San Pablo VI, “son llamadas Obras Pontificias, porque son propias de la Sede Apostólica, las cuales, aunque no excluyen otras iniciativas de ayuda a las misiones y para fines particulares, superan evidentemente a todas en cuanto expresión directa y más completa de la solicitud del Supremo Pastor de la Grey de Dios por todas las Iglesias”. Unen en sí la animación misionera de cada comunidad cristiana, por pequeña que sea, con la universalidad de la misión que une a toda la Iglesia en cualquier parte del mundo, por lejana que esté. Son como definía el Papa San Juan Pablo II, “el instrumento de la caridad del Pueblo de Dios, del milagro del amor fraterno que se renueva cada año en beneficio de tantos, aunque desafortunadamente aquellas no puedan dar satisfacción a todos”.

martes, 27 de enero de 2026

Mensaje del Papa para el centenario del DOMUND

 El Papa León XIV ha hecho público el Mensaje para el Domund, la Jornada Mundial de las Misiones, que este año 2026 cumple 100 años. El tema de este Domund, el del centenario, es “Uno en Cristo, unidos en la misión”, que hace referencia al propio lema del Papa “En el Uno (Cristo), somos uno”.

“Para la Jornada Mundial de las Misiones de 2026, que marca el centenario de esta celebración, instituida por Pío XI y tan querida por la Iglesia, he elegido el tema ‘Uno en Cristo, unidos en la misión’. Después del Año jubilar, deseo exhortar a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza.

Reflexionando sobre nuestro ser uno en Cristo y estar unidos en la misión, dejémonos guiar e inspirar por la gracia divina, para «renovar en nosotros el fuego de la vocación misionera» y avanzar juntos en el compromiso de la evangelización, en «una época misionera nueva» en la historia de la Iglesia (Homilía en la Misa por el Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes, 5 octubre 2025).

1. Uno en Cristo. Discípulos misioneros unidos en Él y con los hermanos y hermanas.

En el centro de la misión está el misterio de la unión con Cristo. Antes de su Pasión, Jesús oró al Padre: «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). En estas palabras se revela el deseo más profundo del Señor Jesús y, al mismo tiempo, la identidad de la Iglesia, comunidad de sus discípulos: ser una comunión que nace de la Trinidad y que vive de y en la Trinidad, al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con todas las criaturas.

Ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión con Cristo, en la que participamos de la relación filial que Él vive con el Padre en el Espíritu Santo. Significa permanecer en Cristo como los sarmientos en la vid (cf. Jn 15,4), inmersos en la vida trinitaria. De esta unión brota la comunión recíproca entre los creyentes y nace toda fecundidad misionera. Sí, «la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión», como enseñó san Juan Pablo II (cf. Exhort. ap. Christifideles laici, 32).

Por eso, la primera responsabilidad misionera de la Iglesia es renovar y mantener viva la unidad espiritual y fraterna entre sus miembros. En muchas situaciones asistimos a conflictos, polarizaciones, incomprensiones, desconfianza mutua. Cuando esto ocurre también en nuestras comunidades, se debilita su testimonio. La misión evangelizadora, que Cristo confió a sus discípulos, requiere ante todo corazones reconciliados y deseosos de comunión. En esta perspectiva, será importante intensificar el compromiso ecuménico con todas las Iglesias cristianas, aprovechando también las oportunidades que brinda la celebración conjunta del 1700° aniversario del Concilio de Nicea.

Por último —pero no menos importante—, ser “uno en Cristo” nos llama a mantener siempre la mirada fija en el Señor, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida personal y comunitaria, de cada palabra, acción y relación interpersonal, de modo que podamos decir con asombro: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20). Esto será posible en la escucha constante de su Palabra y en la gracia de los sacramentos, para ser piedras vivas de la Iglesia, llamada hoy a recoger las instancias fundamentales del Concilio Vaticano II y del posterior Magisterio pontificio, en particular, del Papa Francisco. De hecho, como afirma san Pablo, «no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor» (2 Co 4,5). Reitero, por tanto, las palabras de san Pablo VI: «No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 22). Este proceso de auténtica evangelización comienza en el corazón de cada cristiano para extenderse a toda la humanidad.

Por lo tanto, cuanto más unidos estemos en Cristo, tanto más podremos cumplir juntos la misión que Él nos confía.

(...) Y para favorecer la comunión espiritual, les dejo, junto con mi bendición, esta sencilla oración:

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva. Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura.

Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.

María, Reina de las misiones, acompaña nuestra labor evangelizadora en todos los rincones de la tierra; haznos instrumentos de paz y haz que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva. Amén.

Vaticano, 25 de enero de 2026, III domingo del Tiempo Ordinario, fiesta de la Conversión del apóstol san Pablo”.

(ver texto completo)

lunes, 18 de agosto de 2025

DIOS NOS SIGUE INVITANDO A LA MISIÓN.

"No puedo callarme lo que a mí me ha salvado"
Javier Portela, cantautor

Todos los bautizados estamos llamados a la misión y esta llamada nos puede llevar por caminos distintos. Javier Portela es uno de los músicos católicos con más éxito de nuestro país que, lejos de esconder su talento, lo ha puesto al servicio de la misión.

"Yo estoy viendo cómo el Señor me lo está pidiendo de forma muy clara, muy concreta, a través de la música y también a través de las redes sociales. Pero sobre todo a través de la música, porque la gente necesita saber que hay esperanza, que el mundo no tiene la última palabra, que el dolor no tiene la última palabra, que el mal, aunque parece que hace mucho ruido, no es lo más generalizado."



OMP lleva la esperanza a Sudán del Sur: 100.000€ en tres años para alimentar a los niños de Yuba

Sudán del Sur lleva más de 10 años sufriendo los estragos de una guerra civil que, como siempre, afectan de manera cruel a los más vulnerables: los niños. Muchos carecen de alimentos y no pueden cubrir sus necesidades básicas. Gracias a Infancia Misionera, OMP ha enviado 100.000€ en los últimos tres años para dar de comer a los alumnos de las escuelas de Yuba y darles esperanza en medio del conflicto.

"Nunca me he sentido abandonado por Dios"
Francisco Javier Olivera, sacerdote misionero en Mongolia

Javier Olivera es de Salamanca pero, con 19 años, se fue a Japón y allí se ordenó sacerdote. Ahora es misionero en Mongolia donde, nos cuenta, la labor de la Iglesia ha adquirido visibilidad tras la visita del Papa Francisco.
"En Mongolia hay mucha gente abandonada, abandonada completamente. Se abandona a los niños, se abandona a los abuelitos, muchos borrachos tirados en la calle y no hay nada ni nadie que les ayude. La presencia de la Iglesia hace ver a la gente que se puede hacer algo por otro sin esperar dinero, sin un sueldo. Yo hago esto por amor al otro. ”
Lee aquí su entrevista.